domingo, 21 de septiembre de 2014

Parto y postparto



Hoy os quiero hablar de lo que a todas nos preocupa llegado el momento: el parto.

En cuanto  a este tema, cada cual cuenta la vaina según le ha ido, y experiencias hay miles, tanto buenas como malas. Depende de muchas cosas, entre ellas de lo aprensiva que sea la persona en cuestión. 

Por una parte estás deseando que llegue el momento para ver a tu bebé, que todo salga bien y esté sano, que pase rápido y poder volver cuanto antes a sentirte tú misma. Por otro lado, sobretodo para las más aprensivas, no quieres que llegue nunca. Yo me encuentro en el segundo grupo, y por eso decidí no asistir a clases de preparación al parto ni informarme mucho al respecto ya que para mí "no saber", en este caso, implicaba tranquilidad. Total, tenía que pasar por ello sí o sí, así que decidí ir descubriendo cada fase según fuese pasando para no agobiarme con ello. Y menos mal.

Os voy a contar cómo lo viví yo. 

Para mí el tema parto era algo de lo que no quería oir hablar. Tenía que pasarlo y ya está. En mi caso, lo que me daba miedo eran los puntos de la posible episotomía o desgarro y sus consecuencias futuras tales como incontinencia, dolor, molestias en las relaciones sexuales, etc.
Era tal la aprensión que le tenía que me llegué a plantear muy seriamente programar una cesárea, incluso lo hablé con la ginecóloga unas semanas antes de la fecha en que salía de cuentas y ella me informó de los pros y contras de la cesárea y del parto natural y me dijo que me lo pensara pero no mucho puesto que no había tiempo.

Y así fue.

Entre que lo pensaba, me hacía una valoración de suelo pélvico y me informaba del tema, llegó el día en que mi princesita decidió salir pillándonos una semana antes de lo previsto. Habíamos estado celebrando el cumpleaños de mi marido y al volver de cenar y meternos en la cama empezaron las contracciones. Era la una de la madrugada del día tres de agosto. Lo primero que sentí fue que se desprendía el tapón mucoso y al rato mi primera contracción.

En monitores ya me habían dicho que tenía contracciones pero yo no las notaba o no las identificaba como tal. Esta vez si las noté pero he de decir que no eran especialmente dolorosas aunque sí muy molestas y como eran cada cinco minutos o menos decidí llamar a la matrona de guardia para saber que hacer. Me dijo que cuando llevara dos horas de contracciones con intervalos de 3-5 minutos, me dirigiera al hospital, aunque se quedó sorprendida  de que no tuviera ni idea de qué hacer y de que no hubiera asistido a las clases de preparación al parto.

Como estaba segurísima de que estaba de parto, me duché y terminé de preparar la bolsa del hospital. Y a las tres de la madrugada nos fuimos camino de la Ruber. 
Al llegar ya nos estaba esperando la matrona en el pasillo, con el carro de monitores. Dijo que me notó tan tranquila al hablar con ella que estaba segurísima de que no era una falsa alarma. Me asignaron la habitación número ocho, curiosamente mi número de la suerte. Al rato aparecieron el ginecólogo y el anestesista, a los que claramente se notaba que había sacado de la cama.

El proceso de dilatación no fue lo que yo me imaginaba. Al final pasamos media noche charlando en la habitación con el ginecólogo y la matrona mientras iban monitorizándome con lo que el tiempo pasó más ameno y las contracciones no fueron tan malas como yo me esperaba. Eso sí, ¡bendita epidural!
Me la pusieron tan sumamente bien que ni me enteré. No me dolió nada, y eso que el anestesista venía medio dormido.
La matrona, muy amable, estuvo a mi lado cogiéndome de las manos y haciéndome mimos mientras me la ponían. Supongo que me notó nerviosa ya que odio las agujas, pero la verdad es que esa parte la llevé mucho mejor de lo que pensaba y estaba más o menos tranquila, al menos para lo que soy yo.

El tema de empujar ya fue otro tema. Era nula total, yo sentía que literalmente se me partía el culete, y eso ¡nadie me lo había contado! Pero vamos a ver... yo pensaba que la presión sería en otro sitio, más bien por donde sale ¿no?
Pues no. 

Eso sí, doler lo que se dice doler, no dolía gracias a la epidural, pero que sensación más mala. Era como cuando te caes de culo y te duele muchísimo la rabadilla, pues así pero multiplicado por diez. El caso es que me decían que no empujaba apenas (según los monitores) y yo no sabía como hacerlo porque para mí sí estaba empujando con todas mis fuerzas. Además no se me iba de la cabeza el tema de que me salieran hemorroides... ¡qué horror! que esas vienen, te cogen cariño y luego no hay quien las eche de tu lado.

Al cabo de un tiempo se me pasó el efecto de la anestesia con lo que viví literalmente tres contracciones sin anestesia, sólo tres, pero ¡vaya tres! Ahí ya dije que no empujaba más y que quería cesárea y a punto estuve, pero me convencieron diciendo que era una pena habiendo dilatado tanto, que si esto o lo otro... en fin, que no me atreví sobretodo por aquello de que por el canal del parto el bebé expulsa los líquidos mejor que con la cesárea y claro, si es mejor para el bebé, pues por ahí te ganan. Así que cedí y a las ocho de la mañana, más o menos, me llevaron al paritorio.

En el paritorio, ya otra vez con la epidural haciendo efecto y rodeada de personal médico (el ginecólogo, la matrona, el anestesista y varias enfermeras ya que tocaba cambio de turno) la verdad es que todo fue un poco difícil para mí. La niña salió enseguida con ayuda de una ventosa (también llamado kiwi) porque, como yo era negada empujando y encima me había acobardado, pues no se fiaban, creo yo. El caso es que allí empujé todo lo que pude para acabar cuanto antes y así fue. Esa parte "bien" y la niña nació perfecta. 

Otro cantar fueron los puntos. Qué mal rato pasé. Con la anestesia dolor no sentía, pero si se notaban las puntadas y el hilo y para mí duró una eternidad. Me pase todo el tiempo literalmente temblando y pidiendo a mi marido que me tapara los oídos para abstraerme. Tuve que ser el hazmerreír del paritorio y del personal ese día y los siguientes, pero lo asumo, lo entiendo y me da igual, porque yo estaba aterrada. Los puntos ahí abajo me causaban terror y lo pasé realmente mal. No quise saber cuántos eran, pero bastantes porque me desgarró la peque al salir.
También me asustaban las posibles consecuencias: incontinencia, mala cicatrización, dolor en las relaciones sexuales... no se, un poco todo y no dejaba de darle vueltas.

Eso sí, el personal de la Ruber, chapó. Se portaron fenomenal, muy agradables y comprensivos.

Por cierto, a los que leísteis mi post Eco 20 y Foco Hiperecogénico, cuando hablaba de dejarse llevar por la intuición... la mía fue cien por cien correcta, al final el ginecólogo que me atendió en el parto y postparto fue el que me hizo la eco 20 y me ha ido fenomenal. De hecho ya le he dicho que voy a cambiar mi ginecóloga inicial por él. Yo, que no quería un ginecólogo hombre ni en pintura. Eso me pasa por hablar. 

Los dos días que estuve ingresada (casi tres porque el primero fue toda la noche de parto), la verdad es que los pasé bastante bien aunque agotada por no haber dormido durante un día entero y por el chorreo de visitas que recibimos. Pero he de decir que estaba muy bien atendida por el personal del hospital. mi marido y mis primas que nos mimaron a los tres. La niña además era y es un trozo de pan, y las noches las pasamos muy tranquilas porque se la llevaban al nido para que pudiéramos descansar.

La recuperación en casa ya fue otra cosa. Me compré el gel que me recomendaron tanto el ginecólogo como mis amigas para lavarme los puntos, Epixelle, que la verdad me ha ido muy bien. Lo recomiendo.

He de decir que la primera vez que me duché en casa y me apliqué el gel, al tocar los puntos, de la aprensión que me daba, me pasé dos horas llorando. Sí, muchos pensaréis que soy una exagerada, pero cada cual tiene sus miedos y para mí era algo superior a mis fuerzas. Puede ser irracional, pero el miedo suele serlo.

La primera semana no fue muy mala. Iba con cuidado, me lavaba bien la herida dos veces al día con Epixelle, y también con suero y mi chico me aplicaba Cristalmina para evitar que se infectaran los puntos. 
La segunda semana sin embargo lo pasé fatal. Los puntos tiraban, no dolían pero molestaban mucho y los dichosos loquios y la correspondiente compresa en pleno verano hacían que estuviera escocida todo el día. Resultado: no podía estar sentada ni de pie, comía en cinco minutos a desgana y sin poder hacerlo sentada y las visitas eran un infierno porque no sabía cómo ponerme. Llegamos a anularlas todas y a pedir que no viniera nadie. Me pasé cinco o seis días en cama con todo al aire para que secara pronto y con empapadores para no llevar compresa y no irritar más la zona.
Fue horrible no poder hacer nada en esos días, ni disfrutar a gusto de mi niña y mi marido. Como mi marido tuvo todo el mes libre entre vacaciones y baja paternal, se ocupó de nosotras en todo momento. Y el hecho de no dar el pecho también me permitió descansar mejor.  Tengo un marido que es inmejorable, la verdad. 

La tercera semana por suerte mejoré porque no veía el momento, aunque a los pocos días se me abrió un poco un punto cuando se empezaron a caer. Consulté con el ginecólogo por teléfono e incluso fuimos un día a consulta pero nos dijo que todo iba bien. Harta paciencia la que tuvo el pobre conmigo. 

La cuarta semana ya todo iba bien, casi no tenía loquios con lo cual tema compresas y consecuente escozor solucionado y los puntos ya no molestaban. A partir de ahí cada día estaba mejor. Esta semana toca revisión, veremos qué me dicen.

En definitiva, mi resumen del parto es que yo no repito.
Adoro a mi niña y aunque parezca incomprensible, soy totalmente capaz de separar el tema de tenerla conmigo a lo que tuve que pasar para tenerla. Es decir, que no asocio a la peque con lo mal que lo pasé ya que consciente o inconscientemente no quiero asociar un recuerdo tan malo a algo tan bueno, a pesar de que se que sin lo uno no tendría lo otro. Es un mecanismo de defensa.

Lo bueno es que, como siempre quise adoptar, si algún día nos decidimos a tener más, optaré por ello ya que para mí es una asignatura pendiente. Si no lo hago será porque no pueda, no porque no quiera. Y me da igual el sexo o la raza. Desde pequeña siempre pensé en que tendría hijos propios pero que adoptaría también, y aunque mucha gente me dijo que eso cambiaría cuando tuviera mis propios hijos, me ratifico en mi forma de pensar.

Es curioso como algunas cosas las he tenido siempre tan claras y puedo decir que tras pasar por ellas sigo pensando igual.

Sabía que el embarazo y el parto no iban a ser lo mío y así ha sido a pesar de no haber tenido complicaciones. Sabía que la lactancia no era algo que me apeteciera hacer ya que nunca me ha gustado, aunque me parece estupendo las madres que optan por ello. Y tras decidir no dar el pecho, no me arrepiento para nada. Y, por último, sabía que no iba a cambiar de opinión con respecto al tema de adoptar, y así es.

Adoro a mi pequeña princesa pero soy capaz de querer a cualquier niño o niña que no haya parido yo. No me hace falta parirlo para sentirlo como mío y quererlo como al que más. Y por suerte mi marido es de mi misma opinión. Hay muchos niños en el mundo que necesitan del amor de una familia, ojala algún día podamos darle un hogar y todo nuestro amor a uno de esos niños.

Y para finalizar quiero dar las gracias a tres amigos:  Gonzalo, que es pediatra; Tatiana, que es enfermera y Marisa, que es matrona, ya que me han resuelto dudas, y ayudado en todo este proceso cada vez que lo he necesitado.

Al personal de la Ruber Internacional por ser tan eficaz, atento y paciente.

Y a mi marido el que más, por ser el mejor que se puede tener. ¡Te quiero!

Suerte y ánimo a todas las que estáis embarazadas o estáis intentándolo, seguro que sois más valientes que yo porque casi todas repetís.
Sois unas campeonas ya que como una amiga mía, a la que adoro, dice: "Un hijo es un regalo que las mujeres hacen a los hombres y que muy pocos se merecen"

Yo, al menos, puedo decir que mi marído sí. 

Y vuestro parto, ¿cómo fue para vosotras?

Nadia






2 comentarios:

  1. Hola! Muchas gracias por compartir tu historia. Estoy de casi 18 semanas y quiero cambiarme de ginecologo para poder dar a luz en el Ruber. Recomendarias al tuyo? Gracias

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    1. Hola, gracias a tí por escribirme y enhorabuena por tu embarazo!
      Por supuesto que te recomiendo a mi ginecólogo y la clínica Ruber. Cualquier duda que quieras saber escríbeme por privado a:
      lahabitaciondealexandra@hotmail.com
      Un saludo

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